La cena de los estorninos

Este 2025 inicié el año con una serie de proyectos increíbles. Entre ellos he tenido el placer de colaborar con la artista Fernanda J. Carregado de nuevo, pero esta vez realizando unos textos para su exposición individual “La cena de los estorninos” en la Galería Espacio Landaburu ubicada en Lavapiés, Madrid. 


La exposición ha estado disponible desde el 28 de febrero de 2025 hasta el 6 de marzo de este mismo año, coincidiendo con la iniciátiva de iLOFF Lavapiés, un proyecto que ha unido a algunas pequeñas galería y centros culturales con diferentes perspectiva, creando así un recorrido alternativo para la semana del arte que se da en Madrid y que acoge grandes ferias de arte como ARCO o Art Madrid. 


“La cena de los estorninos” cuenta con una gran carga simbólica y con alusiones a los procesos creativos y vitales de la propia artista, donde la cerámica es la protagonista y cada una de las piezas nos narra una historia. 


He podido no solo disfrutar del resultado final, sino también del proceso de conceptualización y creación de Fernanda. Desde el boceto preparatorio, la creación de los elementos uno a uno, los primeros planteamientos de su disposición hasta participar en conversaciones entorno a los temas que quería plasmas en su exposición. 




Cada una de estas piezas presentan un lenguaje abstracto y orgánico que las dotan de movimiento y elegancia, potenciada aun más por la presencia única del color blanco. 

El espacio se convierte en el límite del propio concepto. Dentro de este, encontramos esculturas e instalaciones que se estructuran en tres pilares básicos: 

  • El primero de ellos la instalación de la “Cena”, con su vajilla y los estorninos que la disfrutan.
  • El el segundo es el “Baile”, una instalación ubicada en una de las paredes que alude a la danza que estas aves generan en el cielo.
  • El tercero lo componen unas esculturas de unas aves algo más ostentosas que los estorninos que personifican la posición de voyeur, lxs “Observadorxs”. 

Una exposición conceptual y muy estética que envuelve al espectador nada más entrar por la puerta de la galería.













A continuación comparto los escritos que realicé para la exposición donde aporto una visión externa a la artista y de carácter social que, de alguna forma, suma perspectivas al concepto. También, tengo el placer de compartir la declaración de la propia artista, que desde el minuto uno me ha facilitado información e imágenes del proceso para que pudiera materializar en palabras y libremente, todo aquello que me sugiere su obra y este maravilloso proyecto. 



“La cena de los estorninos”


La cena de los estorninos” de la artista multidisciplinar Fernanda J. Carregado, es una exposición en la que la escultura cerámica y la instalación son protagonistas. Es una muestra muy estética y conceptual, donde las ideas se materializan a través de las formas orgánicas. 


Se constituye bajo tres ejes diferenciados pero que conforman una unidad: la cena, el baile y los espectadores. Estos ejes pueden entenderse independientemente, pero en conjunto abre paso a una reflexión que va desde individualidad a la colectividad.


Las piezas que conforman cada uno de los ejes, te brindan la oportunidad de ir posicionándote en diferentes perspectivas. Dependiendo del elemento que estés observando podrás ser estornino, o ser hormiga, o espectador. En definitiva, te invita a entender que nuestra individualidad es única y especial, pero a su vez es una de las piezas que construyen este puzzle llamado sociedad desde el afecto y la empatía. 



El lenguaje simplificado, nada moderno pero muy ancestral


Las representaciones naturalistas y realistas de elementos de la naturaleza podemos vincularlas a ejercicios académicos e ilustraciones científicas. En oposición a esto están las representaciones simplificadas, interesantes por presentar un lenguaje sintético y abstracto que albergan la esencia de un concepto o idea. Aparentemente, parecen incompatibles y contradictorias, pero en realidad son miradas y lecturas desde diferentes perspectivas.


En “La cena de los estorninos” vamos a prestar mayor atención a la simplificación de la forma. Por un lado, la representación simplificada a partir de la sintetización de la figura, permite hacer referencia directa a la forma a través de trazos lineales y colores sin necesidad de detalles que la definan. En otras palabras, es un paso que se va alejando de la literalidad de la figura. Por otro lado, la abstracción, (aparentemente más complejo) es una representación más conceptual que busca dar cuerpo a la esencia o idea. 


Ambas opciones han sido el recurso expresivo de la realidad tangible de los primeros hombres y mujeres que habitaron la tierra, pero que los artistas modernos y contemporáneos han recuperado como código para su expresión artística. 


La abstracción no es sinónimo modernidad, pero sí es sinónimo de primigenio y de expresión de una idea. Es por tanto una recuperación, consciente o inconsciente, de un recurso ancestral. 


Tanto la síntesis como la abstracción, son residuos  de esa expresión esencialista de las cosas. 


En esta exposición la artista presenta una serie de esculturas protagonistas, los estorninos, a través del lenguaje abstracto y sintético que caracteriza su producción artística, y que alude directamente a la idea más que a la forma. De esta manera, da cuerpo y presencia al simbolismo que tiene para ella este curioso pájaro: unión, comunidad, naturaleza y la belleza de lo común y simple. 


También reconocemos formas realistas en esta exposición, concretamente en las piezas que componen la vajilla de este elegante banquete. No es casualidad que Fernanda utilice este lenguaje para estos elementos, al final forman parte de lo cotidiano y aquí también encontramos belleza. 



Una cena con mucho simbolismo


“La cena de los estorninos” es una exposición cargada de simbolismo, ya que la artista carga de ideas y conceptos a todas y cada una de las piezas que la conforman. Aquí nada es casual ni azaroso. 


En primer lugar, los estorninos, protagonistas de esta narrativa, aluden a la unión y la vida en comunidad. Y es que estas aves se caracterizan por tener un carácter social, por lo que viven en grupos llegando a generar grandes bandadas en el momento de sus migraciones. La vida en comunidad es uno de los pilares fundamentales para la artista, ya que considera como un pilar básico construir relaciones simbióticas entre la diversidad de personas que habitan un espacio. 


Fernanda escoge el estornino, entre todas las aves que habitan el planeta, tanto por su capacidad de vivir en una comunidad de una forma estable y organizada, como por la belleza de la simpleza de este pájaro. Estéticamente el estornino es un ave de tamaño mediano y de color negro, pero muchas veces, menos es más. En lo sencillo, también reside la belleza. 


Quizá un único estornino nos pueda pasar desapercibido, pero ¿qué pasa cuando se juntan en el cielo? El momento migratorio también es fundamental para la muestra. La gran masa de aves que se genera en las alturas y sus movimientos dinámicos y danzantes, logran atraer la mirada de quien observa la inmensidad del lienzo que supone el cielo. Una estampa de gran belleza que Fernanda consigue recrear con su instalación “El baile de los estorninos”, la cual está constituida por cerámicas abstractas de carácter orgánico.


Por tanto, la belleza de este pájaro, la define su presencia nada ostentosa, su inteligencia y su instinto comunitario. 


En segundo lugar, otro concepto de gran relevancia y peso simbólico es el momento de la cena. 


Que la artista escoja la cena en concreto para sentar a su grupo de estorninos, no ha de pasar desapercibido. La cena es la previa al descanso tras nuestra rutina, donde podemos pararnos a reflexionar sobre el transcurso de nuestro día, sobre las emociones y sensaciones vividas. 


En este punto de la narrativa llegamos al momento más íntimo de la propia artista. Fernanda escoge la cena porque para ella es el único momento del día en el que se para a reflexionar, a atender a su mente y su cuerpo. La autoexigencia y presión del trabajo se manifiestan en ella, y es llegando a este punto cuando crea la consciencia que la obliga a parar. 


Alude así al fin del ciclo, ya sea rutinario o vital. Todo empieza y termina. Todo ciclo puede convertirse en bucle, así como el día se inicia con un amanecer y concluye al caer la noche. O puede iniciarse otro nuevo, ¿quién sabe?, solo tenemos que parar, pensar y cambiar lo que nos ata. 


Lo curioso de esta cena es que los estorninos no están solos, están rodeadas por otras aves que los observan desde la distancia. Mientras que nuestros protagonistas están disfrutando de un merecido y elegante banquete, otros agentes sin relación entre ellos se paran a mirarlos. Este punto es interesante pues nos abre el camino a la reflexión acerca de cómo desde fuera se puede observar un resultado final, y juzgar desde esa posición, ignorando los esfuerzos y sacrificios vividos hasta poder alcanzarlo. 


Estas esculturas son una alusión directa al papel de observador (al igual que nosotros en esta exposición), personas que aparecen en un entorno bajo una apariencia y son capaces de emitir un juicio sobre algo solo con una simple mirada, sin ir más allá.  


Y entre todo este entramado de elementos simbólicos relacionados, entran en juego las hormigas como representación de lo terrenal. En esta instalación, van buscando las migajas que van dejando los estorninos en el transcurso de su cena. Las hormigas son la representación del esfuerzo, la constancia y, al igual que los estorninos, del trabajo en equipo para la supervivencia y la armonía comunitaria. Con ellas, también reconocemos el dicho de “las apariencias engañan” ya que este pequeño ser es capaz de conseguir grandes cosas.


Además, en “La cena de los estorninos” podemos reconocer cierto misticismo ya que las hormigas personifican la tierra y las aves el cielo, convirtiéndose en un puente visual que conecta ambos puntos. La obra es, en sí misma, la unión de lo tangible con el Superior. 


Por último, hay que recalcar la importancia del blanco en esta exposición. Por un lado, hace referencia a la iluminación, la calma y la serenidad, sensaciones que pretendemos alcanzar antes de terminar nuestro ciclo, al caer la noche, para que cuando iniciemos de nuevo podamos hacerlo bajo esa influencia. Por otro lado, es una referencia clara a la ruptura con la realidad que se presenta ante nuestros ojos, pues los estorninos y las hormigas no son este color. Esto es un reflejo de la influencia del surrealismo en la artista, que no solo se sirve de formas abstractas, sino también de la alteración de los colores. 


Toda esta narrativa se ve potenciada gracias a la forma en la que está conceptualizada la exposición: un espacio libre, limpio y luminoso que brindan protagonismo a la volumetría propia de la escultura y que genera un ambiente puro en el que se acogen y dignifican las formas abstractas.


Bajo estas premisas, “La cena de los estorninos” se convierte, por un lado en una alegoría de la unidad, una unidad constituida a partir de heterogeneidad de los agentes que se esfuerzan conjuntamente para construir una comunidad, y, por otro, es una alusión intimista de la propia artista. 



Declaración de la artista


"La Cena de los Estorninos" es una meditación sobre la necesidad de pausar, reflexionar y reevaluar el presente. En un mundo que valora la rapidez, Carregado nos invita a celebrar los momentos de descanso y a realizar un examen crítico de nuestras experiencias pasadas. La cena se convierte así en una metáfora del equilibrio necesario para afrontar los cambios, con cada elemento de la disposición rendido al concepto de valoración de los daños y de las pequeñas cosas. 



Elementos de la Exposición


Los Estorninos: Con un mensaje de celebración y reflexión, los estorninos brindan un espacio para enfocarse en el aquí y ahora. 


Hormigas: Su presencia representa la capacidad de encontrar valor en lo que otros a menudo desestiman, sumando la práctica de la conciencia en nuestras decisiones diarias. 


Espectadores: Las esculturas que simbolizan voces no escuchadas nos hacen cuestionar sobre el acceso y la inclusión en nuestra comunidad. 


El Baile: Evoca la unidad y la colaboración, resaltando cómo juntos, los estorninos crean formas hermosas que reflejan la importancia de la cooperación en nuestras vidas. 





 “Este proyecto busca no solo exhibir una serie de obras, sino también invitar a la audiencia a participar en un diálogo introspectivo sobre su propia vida y su conexión con el entorno, celebrando la belleza de la pausa y la reflexión, tal como lo hacen los estorninos en su vuelo.”
 
Fernanda J. Carregado 






Instagram: 


@sra_fernanda_jimena


@galeria_espacio_landaburu



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